El alma detrás de Brulina

Bruno y Catalina no son veterinarios… son quienes lo inspiran todo. Ellos son las dos mascotas que han marcado la vida de nuestro fundador y el origen del nombre Brulina: una mezcla de sus nombres y del amor que representan.


BRUNO

Bruno fue el primer gran compañero de vida de nuestro fundador: un bóxer noble y vivaz, nacido en Algeciras, que llegó a la vida de Manuel cuando él vivía en Cáceres. Hasta allí viajó para recogerlo, sin saber que ese cachorro travieso se convertiría en un lazo que lo acompañaría durante más de una década.

Aunque algo revoltoso al principio, Bruno y Manuel se volvieron inseparables. Juntos recorrieron gran parte de España, hasta que el destino los trajo de vuelta a sus orígenes: Algeciras.

Bruno fue mucho más que una mascota. Fue un maestro silencioso que nos enseñó el valor de la paciencia, la lealtad y los cuidados cotidianos. Su presencia marcó profundamente la forma en que entendemos hoy la relación entre las personas y sus animales.

Su huella permanece viva en todo lo que hacemos. Por eso, su nombre forma parte del nuestro: Brulina es también un homenaje a él.

«Porque quienes nos cambian la vida, nunca se van del todo.«

CATALINA

Catalina llegó a la vida de Manuel de la forma más inesperada. Tenía apenas dos meses cuando fue llevada, gravemente herida, a la clínica donde él trabajaba en Algeciras. Un perro adulto la había atacado, causándole lesiones severas en la mandíbula. Su entonces propietario, al conocer el alcance de las intervenciones que necesitaba, optó por la eutanasia.

Pero Manuel no pudo aceptar ese destino. Junto a su esposa Irene, decidió darle a Catalina una segunda oportunidad. La adoptaron sin dudarlo, asumiendo todos los gastos médicos y cuidados que requería una recuperación tan compleja y delicada.

Tras una cirugía mayor en la mandíbula, Catalina tuvo que enfrentar un largo proceso de recuperación. Durante semanas, llevó un bozal especial que mantenía inmovilizada la zona afectada. Como no podía comer por sí sola, se alimentaba a través de un tubo esofágico. A pesar de las dificultades, Catalina nunca perdió su vitalidad ni sus ganas de vivir.

Gracias al amor, la paciencia y los cuidados constantes de su nueva familia, hoy Catalina es una perra sana, fuerte y feliz. Es parte del hogar de Manuel, y también parte del alma de esta clínica, que lleva su nombre en homenaje a esa historia de superación, entrega y cariño incondicional

«Catalina nos recuerda cada día por qué hacemos esto: porque cada vida merece ser cuidada con dignidad, respeto y amor.«